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| Si escuchas el " The Exchange Session Vol. 1" de Kieran Hebden & Steve Reid, comprobarás como toda repetición amplificada provoca inevitablemente una distorsión copular. Por eso cuando las ratas decidieron apoderarse del mundo, follando sin parar para multiplicarse hasta el infinito, ocupando nuestros campos, nuestras casas, nuestros gobiernos e instituciones, nosotros los humanos contraatacamos. Las derrotamos, las expulsamos, las obligamos a huir, a refugiarse a las cloacas, a las regiones devastadas como poéticamente la denominan las pijas del departamento de urbanismo. |
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| Durante mucho tiempo no se supo nada de ellas. Confiados en la victoria, ciegos en el triunfo, los habitantes de nada 11300 descubrieron demasiado tarde la despiadada venganza de los roedores. Habían mutado, se habían transformado hacia una forma más tecnológica, más avanzada, cambiando su rudo pelaje por una textura lisa y metálica, con diferentes formas, tamaños y colores. Incluso sus desiguales extremidades en continua discusión de si cuatro o cinco dedos, por fin se pusieron de acuerdo y eligieron por unanimidad evolucionar hacia la rueda de caucho. Y de nuevo se multiplicaron con más ansiedad y desenfreno. |
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| Y sin apenas resistencia, de nuevo invadieron el espacio de nuestro mundo. Y nosotros linenses de medioculo preocupados por el descenso de la Balona, el pregón de la Feria, o el tan trillado "...hay que ver, este miércoles no ha habido mercadillo por culpa de la lluvia". |
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| Sin piedad nos atacaron y de nuevo perdimos la guerra... |
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| Para sobrevivir necesitábamos a un nuevo caudillo, a un nuevo che, a un nuevo gilipollas que nos guiará en la lucha contra las neoratascars. Cuando soplaba el viento de poniente, los verdaderamente creyentes rezábamos sin parar a la Virgen Refinera del Rocío Tóxico. Nos reuníamos en peregrinación caminando hasta Puente Mallorga para arrodillarnos sobre el altar de la Gran Chimenea y ofrecerle un ramito de flores de plástico. |
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| Se obró el milagro e hizo su aparición el General Besugo que había mutado por la gracia de Dios de diseñador gráfico de provincias a ideólogo marcial y revolucionario. En poco tiempo nos unió, nos entrenó, nos arengó e hizo de nosotros un escuadrón invencible y despiadado. Nos obligó a recordar tiempos mejores, épocas en las que nuestros antepasados daban caza y preparaban exquisitos platos con ratas. Entonce éramos fuertes, altivos, héroes con hambre y sin miedo. |
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Una tarde reunió a los mejores, que por designios que sólo los santos conocen, también habían notado cambios en sus cabezas —no sólo en el pensamiento— donde fueron apareciendo escamas, enormes ojos sin párpados, caída repentina del cabello, y de sus alientos salía un olor salino que aumentaba al soplar la brisa. Esa tarde nos llevó a una cala escondida de Campamento, junto a los Astilleros del Gran Poder y nos brindó aquellas antiguas palabras sobre cruzar el Rubicon, sobre el día de la batalla. No sabíamos muy bien de que estaba hablando pero llegamos al éxtasis del ardor guerrero cuando nos dio nombre y bandera, cuando nos llamó la legión de los PescaitosHeads y concluyó gritando en un lenguaje extraño y mágico "alea iacta est".
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| Y luchamos. |
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| Y vencimos. |
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| Y jode contar lo que vino después, no por previsible menos doloroso. Ya podéis imaginar la exaltación del guerrero, los vítores, la celebración, los fastos durante noches y días, tomamos las calles mientras las neoratascars se escondía en los parkings o escapaban por carreteras secundarias nadie sabía hacia donde. |
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| Luego la soberbia, los grupos de poder, las conspiraciones y el sangriento asesinato del General Besugo por las ordas del Comandante Gil. Al final siempre lo mismo, de nuevo envueltos por el manto del óxido, la sábana de la sangre y el edredón de la oscuridad. |
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| En el Santo Entierro del General Besugo hubo duelo y falsedad a partes iguales, tambores fúnebres y palomas cagando en todas las plazas de nada11300. Dicen los que le encontraron desangrándose en la calle Crespo que sus últimas palabras fueron que lo enterraran con su antiguo nombre de civil: Juanito Hortikenstein y que si no era mucho pedir que se esculpiera sobre el marmol de la lápida con la letra Trajan. Y así se hizo, más o menos. |
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| A los pocos días de luto, cada uno de los cabecillas del escuadrón adaptó la ideología a sus intereses particulares, compitieron entre ellos, al pueblo se le engañó con un estúpido juego de echar una etiqueta de su comida preferida por la rendija de un bidón de gasolina. |
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| Se me para el corazón al escribir esto, la decadencia fue en aumento, algunos confundidos buscaban frenéticos las pocas neoratacars que se ocultaban, y cuando encontraban alguna, desvalida, indefensa, mal nutrida le prendían fuego, no recordaban muy bien el motivo que les llevaba hacer eso. A veces acercaban sus temblorosas manos para calentarlas... |
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| ...y otras como luminaria de fondo para una noche romántica, antes de copular y jugar a su entretenimiento favorito: inventar historias sobre quienes prenden esas minúsculas candelarias en el cielo. |

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| Los menos violentos decidieron volver de donde vinimos, de donde vinieron, con rudimentarias barcas se adentraron en un mar que ya no les reconocía... |
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| y también murieron. |
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