en la vida de Juanito Hortikenstein resplandece la norma de "...cualquier esfuerzo es un crimen porque todo gesto es un sueño inerte" y no obstante tiene el atrevimiento de mostrarnos su nueva exhibición de atrocidades...

Santa Tander y los Eruribors

Toda historia oscura y sangrienta comienza inevitablemente en la barra de un bar cuando un hombre y una mujer se conocen. Luego, los dos agarrados de la mano se sumergen en un mar de luces nocturnas, una habitación en la penumbra, los besos ciegos y el velado hacia el rojo sangre del orgasmo.
En fin lo de siempre.

No, esta vez no es lo de siempre, ya que descubristes demasiado tarde que ella trabajaba de directora en una sucursal bancaria, dos días antes de que el mundo cambiara, o sería más correcto decir antes de que el mundo se mostrara como siempre había sido: un escenario atroz donde se suceden sin parar las ceremonias del sacrificio, donde en la más absoluta inconsciencia entregamos nuestros tiempo, nuestro trabajo, nuestro sueños a los dioses invencibles del poder.

Aquella tarde cuando se despidió de mí "para siempre", me miró con la misma indiferencia compasiva con la que el matarife observa a la res condenada. Girando, de espalda, con paso lento me dijo "..aprovecha las pocas horas que quedan antes de que comience la crisis, la gran crisis final, ya han despertado a los .... y no me enteré de nada más".

Y así ocurrió,lo primero fue descubrir que nos habíamos tragado el anzuelo con el cebo de aquellas maravillosas promesas: "Consigue la casa de tus sueños", "Cambia de coche, de mujer y de amante", "Un crucero alrededor del mundo y dejarás de estar solo". Como comprenderán, no era fácil evitar este tipo de tentaciones y caí, y caímos unos tras otros como roedores por el precipicio de la ruina. Cuando picamos, tiraron del hilo, cerraron el grifo, y nos llenaron los buzones de cartas amenazantes e intimidatorias.

Contrataron asesinos a sueldo que utilizaban como arma letal las tarjetas de créditos. Con la precisión de un cirujano rebanaban el cuello del desgraciado que no cumplía su parte del contrato. Todos los días aparecían nuevos cadáveres ejecutados en el silencio de las calles del extraradio. A veces tenían la apariencia de un suicidio, pero casi siempre se notaba el sello profesional de un yakuza disfrazado de ejecutivo con corbata y traje a medida, sobre todo cuando dejaban escrito con sangre "... el que aVISA no es traidor".

Y en vez de responderles con la misma moneda, en vez de hacer nuestra la Ley del Talión, "...acabas con mi vida o con la de mi hijo, pues acabo con la tuya o con la de tu hijo...", "...me robas la casa pues arde tu sucursal, tu chalet y tu Audi último modelo...". En fin, en vez de responderles con la extrema contundencia que la situación merecía —ante un estado político que como de costumbre volvía la cara envuelto en discursos sin credibilidad alguna— nos conformamos con salir a la calle y manifestar nuestra rabia, no hay nada más triste que gritar en voz baja.

Para lo único que sirvió tal gilipollez fue para que descubrir la debilidad de la clase trabajadora, donde los cuatro que se movían quedaron al descubierto y ejecutados a machetazo limpio, nada de sofisticaciones metafóricas. Y como a los replicantes de Blade Runner "...a ésto no se le llamó exterminio sino retiro".

La impunidad de los homicidios, la cobertura legal que los protegían, el descubrimiento de que estábamos solos ante la gran ave de rapiña, de que todo los poderes del estado —jejejeje— eran extremidades del monstruo y por lo tanto de ellos también venía el peligro, engendró más frustración, violencia e ira.

Esta vez salimos a la calle, esta vez entramos en guerra y...

... fue entonces cuando pusieron en juego a su batallón de destrucción masiva, fue entonces cuando aparecieron Los Euribors. Ellos nunca pierden...fue lo último que aprendimos.

"BangEsto", experto en napalm y en explosiones incendiarias, podía en menos de una semana dejar literalmente quemada una ciudad. Su directiva, es decir, su cabeza podía mutar segun las necesidades en todo tipo de explosivos deflagrantes y detonantes.

"Fankinter", no podía ocultar su enfermizo cabreo por estar constantemente justificando que no era un refresco, que él era uno de los más temidos superhéroes. Y como el kilo de naranja estaba caro, expropió, ante el visto bueno del estado, todas las huertas del país. Lo que en realidad le encantaba era destruir las ciudades donde se jugaron los partidos del Mundial de Fútbol de España, en homenaje a su amor hacia "Naranjito".

"La Cacha", boyera y playera, le encantaba escenificar sus asesinatos múltiples en todo el litoral hispano. En pocos días ni un chiringuito en pie. Los muertos se mezclaban con los africanos ahogados que ignorantes creían venir a un mundo mejor, ya lo dijo Buda "...el mal es la ignorancia".

"BeBeVa", inmensamente gordo por su adicción a lo que no le pertenece, riega cada operación multimillonaria con toneles de los mejores vinos. invita a sus amigos de la judicatura, de la legislación y del "poder de ejecución" y disfruta de las "panorámicas de los desechos" como suelen llamar al paisaje después de la batalla. Odia a su dios por preferir a Santa Tander antes que a él, no soporta ser segundo. Su grito de guerra es "... el culo está para recibir patadas".

Y llegamos por fin a la número one, a "Santa Tander del omnipresente y todopoderoso demiurgo dios Bot-In". Lo que quiero decir es que te olvides de enfrentarte a ella, pues si tiene a dios de su parte, nada de lo que hagas servirá, ni tan siquiera rezar, ya que no te va a oír ni un simple angelito del cielo de los ricos.
Santa Tander es sofisticada y no le va eso de las destrucciones en masa, ella te da una muerte a medida, personalizada, cara a cara, mirándote a lo ojos y preguntando por donde quieres que empiece a mutilarte. ¿Te quito primero la casa o los ojos? es una de sus preguntas favoritas, también le gusta recordar a Jack el Destripador, ya saben, uno de los precursores de la banca moderna, y hacer suya la frase "...vayamos por partes".
Lo único que recuerda de sus padres carnales es la destreza con la que afilaban los cuchillos de la carnicería familiar. Su padre no la entendió cuando ella le dijo que su deseo más íntimo era llevar al éxtasis tan noble oficio. Incomprendida buscó clausura y se encomendó al dios Bot-In que la escuchó, le dio poder y la hizo santa. Dicen que los pasillos donde cuelgan los cuerpos troceados de sus víctimas son tan largos que comunican una ciudad con otra.

Una cuestión ¿sabes que respuesta te dará el gobierno si le preguntas por Santa Tander?


Cuando se cansaron de expoliar, de quitarnos las migajas de las que nos vanagloriabamos, tranquilamente, sin prisas, fueron bajando la intensidad de los ataques, dilatando los tiempos de tregua y destrucción. Hasta que por fin pararon.
A este silencio lo denominaron paz, que palabra más triste en boca de un bombardero. Uno a uno se fueron ocultando en sus edificaciones funerarias, ellos las llamaba Oficinas Centrales, pero despedían un hedor a carne corrompida que bastaba acercarse varios kilómetros para que la náusea removirera lo poco que quedaba de tu estómago.

BangEsto se recluyó en su torreón donde acaricia día y noche su colección de cabezas reducidas y pintadas con los colores institucionales de su secta.

FanKinter duerme dentro de un saco acompañado por momias precolombinas, mientras sueña que Naranjito le sodomizará cuando despierte.

La Cacha marchará de nuevo a las tierras del Reino Desunido de Gibraltar y acariciará con pena la tierra del cementerio que levantó en memoria de su amada. Se quitará su hermoso casco cúbico y nos mostrará los ojos que lloran hacia dentro. Por una vez sentiremos pena de ella.

Y ya sabemos lo que hará el gordo BebeVa, tomará un exclusivo baño con el delicioso y prohibitivo Petrus. La mezcla resultante junto con el sudor y la sangre de la batalla, dará como resultado un nuevo vino con tonalidades azuladas y aromas prohibidos.

Y por último que decir de nuestra santa favorita, la última en dejar la sangre tranquila. Lo que le cuesta a esta criatura olvidar los gritos de súplica o dejar de alimentar a su bandada de cuervos al atardecer, echándoles carne picada y fresca de la clase obrera. Pero cuando recibe la orden de abandonar, primero duda y luego obedece, cierra los ojos que quedan soldados por el pegamento extremo de la hemoglobina y con paso lento se dirige a su sepulcro, antes de entrar se limpia las manos en las paredes de piedra, sonámbula, llora por el recuerdo de sus dos hermanos asesinados por ella en el vientre materno. Aún conserva sus cráneos decorando el muro interior, los mira sin levantar los párpados y gesticula imitando que toca con el violin el último movimiento de Tabula Rasa de Arvo Part.

El resto de los que quedamos hemos aprendido la lección, hay que ser buenos para que no llamen de nuevo a Santa Tander y Los Euribors.




Juan José Trujillo Reyes • 657 839 414 • 956 76 87 49
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