
Incluso mirar requiere esfuerzo, gastamos energía, ponemos en marcha músculos, neuronas, conos, bastones, etcétera. ¿Y merece la pena para ver aquello que vemos? El proceso de fijación de la mirada tiene más de metafísco que de mera acción fisiológica. Por eso te propongo el siguiente ejercicio: descansa tus ojos, ponlos en blanco, desconecta las terminaciones nerviosas, y deja que haga por tí el trabajo sucio de mirar. Te pondré con cuidado unas gafas de color verde pimiento, al momento sentirás una extraña sensación —no te preocupes— y comenzaras a percibir imágenes extrañas, de alguna manera las reconocerás como tuyas aunque tengas la certeza de que las ves por primera vez. Entrarás en la vida de los coleGAS, te descubriran sus secretos para dominar el mundo mientras agonizan envueltos en la maldición de vivir encerrado en la localidad 11300.
Pon de tu parte, haz lo que digo, vuelve los ojos, gira las órbitas oculares hacia dentro, ponte las gafas pimiento y dejate engañar, manipular, enamorar...
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